Comuna 12

Balance de las bicisendas: los ciclistas las festejan, pero hay quejas de comerciantes y automovilistas

bicisenda miller saavedra

Las últimas bicisendas en llegar a los barrios de la Comuna 12 cumplen un año. Si bien existían hace bastante tiempo las ciclovías en Ceretti, La Pampa, Superí y Bolivia, las trazas de Blanco Encalada y Manuela Pedraza en Villa Urquiza, Miller en Saavedra e Iberá en Coghlan generaron un fuerte impacto en los barrios.

La decisión del Gobierno de la Ciudad es continuar con una paulatina implementación de bicisendas, dentro del programa de Red de Ciclovías Protegidas que incluye la colocación de las terminales de bicicletas, pero el balance de las más recientes en ser activadas entrega luces y sombras.

La calle Miller goza de una ciclovía desde Blanco Encalada hasta la calle Vedia en Saavedra, y es una de las cuatro en toda la Ciudad que permite llegar a la colectora de la General Paz. Por ser una calle ancha, no provoca grandes trastornos en el tránsito, aunque impidió el “tercer carril” que se generaba en la calle entre Crisólogo Larralde y Balbín cuando no existía la bicisenda. En tanto, a lo largo de la traza hay mayoría de viviendas, por lo que las dificultades para conseguir estacionamiento, aunque existen, son menores que en otras.

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Auto estacionado en bicisenda de Villa Urquiza

Manuela Pedraza, por su parte, tiene su ciclovía entre Ceretti y Tronador. En el relevamiento de este periódico fue la más utilizada, ya que además la calle tiene la particularidad de ser la única en ese sentido en la que se puede cruzar la barrera a nivel, porque en Balbín y Congreso hay túneles. Ignacio, vecino de Manuela Pedraza y Andonaegui, destacó que “con el tiempo se volvió útil”. Además, destaca que el hecho de tener el carril exclusivo de bicicletas en la puerta de su casa lo “incentiva más a usarla”.

Sin embargo, uno de los mayores problemas en Manuela Pedraza se da a la altura del Club Pinocho, en Villa Urquiza. En diálogo con este periódico, Daniel, el recepcionista de la institución, detalló que “por día, vienen cientos de chicos”, lo cual implica una cantidad de vehículos similar que se debe detener o buscar estacionamiento. “Los fines de semana, es común que deban dejar los autos a cinco cuadras, algo impensado antes en un club de barrio así”, explicó. La peor situación, no obstante, se da cuando deben detenerse los micros, ya que como el club está en la mano izquierda, lo hacen en medio de la traza de la bicisenda.

“Hemos perdido la dársena de detención, que era importante”, indicó Daniel, quien señaló que durante los días de semana vienen alumnos de escuelas especiales a la pileta, por lo que los micros deben detenerse frente a la puerta.

La de Blanco Encalada es, en tanto, la que mayores quejas reúne. Se encuentra en pleno centro comercial de Villa Urquiza y,  suma un factor más a la crisis que acumula el barrio respecto a la falta de estacionamiento. En el registro de este periódico, prácticamente no hubo voces a favor de esta ciclovía, aunque debe destacarse que se vio una alta circulación de bicicletas, específicamente las de color naranja del Gobierno porteño. En esta traza es también en la que mayores denuncias se han efectuado acerca de una mala convivencia entre ciclistas y peatones y más incumplimientos sobre las normas de la ciclovía. En este sentido, vecinos y comerciantes comentan que las unidades del 114 suelen circular sobre la bicisenda, o hacer detener a los pasajeros sobre ella, lo que ha provocado accidentes.

Por último, las seis cuadras de la calle Lugones, entre Blanco Encalada y La Pampa, en las que sorpresivamente se ha construido también una bicisenda, generó reclamos por haber afectado el entorno. Miguel Ángel Ribas, residente en Olazábal y Mariano Acha, comentó que desde que fue realizado este cambio “por primera vez comenzó a estacionarse en la senda izquierda de Acha”. Esta situación derivó en un colapso en la calle citada, especialmente cuando se encuentra baja la barrera del Ferrocarril Mitre. Momentáneamente, esa zona se vio aún más restringida por las obras realizadas en la cuenca del Arroyo Vega.

ciclovias porteñas

Foto oficial para promocionar las ciclovías porteñas

Otra complejidad señalada por los vecinos en estas nuevas modificaciones se da en el hecho de que sean doble mano, mientras las calles mantienen el sentido que tuvieron históricamente. Así, los automovilistas que circulan por las calles transversales, deben prestar atención también hacia el otro sentido. Orlando, vecino de Manuela Pedraza y Bucarelli, señaló que “se escuchan muchas frenadas” de autos que al avanzar observan que está viniendo un ciclista por el otro lado.

La dificultad para el estacionamiento tiene un correlato en el tema comercial. Julio Haddad, presidente de la Cámara de Comerciantes de Villa Urquiza, sostuvo que no tienen mediciones oficiales de este impacto, pero afirmó que las bicisendas “obtuvieron el efecto contrario” y perjudicaron el estacionamiento. “Este es un tema que fastidia a nuestros clientes, y terminan optando por otros centros comerciales como el DOT, que le ofrece dos horas para estacionar gratis”, señaló.
Verónica, que tiene un comercio a metros de la esquina de Triunvirato y Blanco Encalada, explica que ante la dificultad para estacionar, muchos tienen que “elegir rápido porque los pasan a buscar”, lo que perjudica las ventas. Luis, de la carnicería “Orestes” de Miller y Núñez, describe una situación aún peor. Comenta que hay un 40% menos de clientes, incluso perdiendo algunos de años de antigüedad, porque al no poder dejar el auto “prefieren ir hacia otra carnicería donde puedan estacionar”.

Los lugares donde confluyen dos ciclovías son los más dificultosos, como el de Manuela Pedraza y Miller, o ésta última con Blanco Encalada, ya que en esas bocacalles, dos de los cuatro cordones están ocupados por la bicisenda. Peor aún es en Coghlan, donde en la esquina del colegio Santa María de los Ángeles se da el enlace de la bicisenda de Manuela Pedraza con la de Estomba, que se suma a la normalmente caótica situación de la salida escolar. En la Escuela Costa Rica, la línea amarilla del frente de la institución y la bicisenda de la vereda de enfrente hacen que prácticamente no exista plaza disponible para estacionar en toda la cuadra.

Pese a las críticas, también hay voces a favor y se ve un mayor uso con el correr de los meses de las bicisendas. Consultado por este periódico, el Gobierno de la Ciudad, hasta el momento, no pudo precisar en cifras cuánto se han utilizado, pero en vecinos a bordo de bicicletas, la respuesta es positiva. Mariana, de 32 años, comentó que va hacia su trabajo, en Villa Martelli, por el recorrido de Miller, cuando antes debía tomarse el 93 porque no se animaba a ir por la avenida Balbín. Lucas, en tanto, indicó que gracias a la ciclovía que pasa por su vivienda en la misma calle, su hija Nala “aprendió a andar en bicicleta sola”.

La política de ciclovías parece ser una “decisión tomada por parte del Gobierno de la Ciudad, que continuó avanzando al respecto en esta última gestión. Pese a las críticas que existen, todo parece indicar que de ser reelecta esta administración, habrá más bicisendas todavía en las calles de nuestros barrios.

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