Ciudad

Cómo viven el aislamiento en hoteles los porteños infectados de Covid-19

 

Desde que inició la pandemia la Ciudad de Buenos Aires implementó varias medidas para hacer frente a un virus desconocido, incluso por los infectólogos más prestigiosos del país y del mundo.

 

Nos cambió la realidad a todos, en especial a quienes venían del exterior o se infectaron como residentes en la Ciudad. Estas personas fueron alojadas en hoteles de pasajeros en dos modalidades: repatriados del exterior y residentes infectados e infectados asintomáticos como estrategia de prevención.

 

El dato categórico que hizo imprescindible la medida fue saber que el 75% de los infectados no lo saben ni lo sospechan, son los llamados asintomáticos y, según la tasa de contagio mundial, podrían contagiar, en caso de no aislarse, al menos a 4 personas cada uno.

 

Cada paciente con covid-19 que es aislado evita muchos contagios y se le da tiempo así al sistema público de salud para derivar todos sus recursos en los casos más complejos.

 

Walter y Nora, se infectaron en distintas circunstancias y debieron hacer la cuarentena en dos hoteles porteños. Hasta que el test no les da negativo, no pueden dejar sus habitaciones. 

 

El 20 de marzo, el día que comenzó la cuarentena, llegó Nora Waldhom desde Uruguay en el famoso barco de Buquebús que se había subido un joven que infectó a buena parte del pasaje. Todos ellos fueron alojados en el hotel Panamericano. Nora, de 61 años y oriunda de Laboulaye, provincia de Córdoba explica "Estuve desde el 20 a la madrugada hasta el 30 de marzo que me trajeron acá”, dice por el hotel Escorial, su residencia actual.

 

Nora, viajó con una amiga a Uruguay. A una semana de su arribo al hotel Escorial le hicieron el primer test, y dio positiva al Covid-19. “El 28 de marzo nos hicieron los test a mi y a mi amiga, a mi el 30 de marzo me dio positivo y a mi amiga le dio negativo. Mi amiga se volvió”.

 

Al llegar al hotel, debió responder a una serie de preguntas referidas a lo que sería su estadía. Le preguntaron si era diabética o hipertensa, para saber qué podía comer. Me ofrecieron jabón, shampoo, pero igual como yo venía de viaje ya tenía todo eso. Las toallas y las sábanas las cambian todo bien”. Agregó. El desayuno, almuerzo y cena se los de los dejan en la puerta para que lo retiren ellos mismos sin contacto con el personal.

 

Nora volvió a dar positivo en un segundo test que le practicaron el 5 de abril. Sin embargo cuenta que casi no tuvo síntomas: “Lo único que tuve fue pérdida del gusto y el olfato. Pero ni fiebre, ni dolor de cabeza, ni malestar general o esa tos seca que sí le escuchaba acá a mucha gente. Lo mío, dentro de todo, fue muy leve”.

 

 “Acá me dejaron un termómetro digital para que me tome la fiebre, y dos veces por día, a la mañana y a la noche, me llaman. Nunca pasé de 36. Y al no tener síntomas no hizo falta que vengan a mi habitación”.

 

No he podido volver a Laboulaye porque no me dejaban entrar hasta que el test me de negativo”, explica “ la tercera semana fue la más dura:, se me empezó a poner un poco más pesado, no venían los resultados de los test, yo estaba muy ansiosa, pero la fui tironeando gracias a Dios”. Hasta que el nuevo test dio negativo, ya no tenía presencia del virus y pudo volver con su familia.

 

Walter la pasó muy duro también ya que él y su esposa, que estaba embarazada, fueron al Hospital Piñeiro porque tenían síntomas de la enfermedad. No saben dónde se contagiaron ni donde. Ella quedó internada porque el parto estaba próximo. A Walter lo llevaron al Hotel de las Luces para cumplir con la cuarentena. A los tres días, el cuarto hijo de ambos nació. Walter no pudo estar presente.

 

“Fue un golpe terrible el que sentí ese día” cuenta Walter desde la habitación del hotel, un soldador de 33 años que vive con su familia en el barrio porteño de Flores. “Estaba como loco, mi bebito nació y no podía estar ahí presente por este virus de porquería. Estaba destruido emocionalmente. Pero con la ayuda de Dios y la contención de los doctores, los enfermeros, los voluntarios y los psicólogos lo superé”.

 

A Walter lo contactan médicos dos veces por día. Les debe reportar si tuvo fiebre y recibe la contención de psicólogos. Son las únicas personas que ve en medio del aislamiento, la única posibilidad para controlar con eficacia la pandemia. Luego empieza la cuenta regresiva hasta el próximo hisopado.

 

Facundo Carrillo, secretario de Atención Ciudadana, explica que “la pandemia nos desafió a todos, hoy no importa cuál es tu cargo o función, nuestra tarea es cumplir los lineamientos que define Fernán Quirós, el ministro de Salud porteño, junto con su equipo, para el trabajo en los hoteles y estar al servicio de los vecinos para evitar la propagación del virus en la Ciudad.”

 

Foto: GCBA

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