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Declararon personalidad destacada de la Ciudad al doctor Alberto Crescenti

El director general del SAME, Alberto Crescenti, fue declarado "personalidad destacada de la Ciudad de Buenos Aires en el ámbito de las ciencias médicas", de acuerdo con un proyecto aprobado por la Legislatura en el marco de una sesión que se desarrolló este jueves al mediodía.

 

El proyecto de declaración había sido presentado por el diputado Sergio Abrevaya (GEN) y acompañado por la diputada Patricia Vischi, del bloque UCR-Evolución. Durante la sesión, Abrevaya destacó: "Habitualmente vemos la imagen del héroe de las películas, pero héroe es el que todos los días lucha por mejorar la vida de otros, como es el caso de los médicos".

 

Como adelantó este periódico, el 9 de Junio el legislador del Frente de Todos, Leandro Santoro propuso la declaración de Crescenti como ciudadano ilustre y fue avalado por todos los bloques que integran el cuerpo. Entre los motivos señalaban “su trayectoria en el campo de la medicina y la emergentología, como así su incansable accionar para luchar por la vida en situaciones de emergencia y catástrofes dentro del ámbito de nuestra ciudad”. Y agregaba: “Es una de las personalidad más relevantes en la atención de emergencias en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a lo largo de casi 30 años”.

 

Consultado Crescenti al respecto deslizó que la rechazaría. “Yo entiendo el tema de la Legislatura, pero éticamente lo voy a rechazar por principios -explicó en una entrevista con Guillermo Andino-. Si esto fuera solamente para mí no sería justo. Voy a proceder éticamente al rechazo. Hay muchos médicos en la primera línea y no me considero un ciudadano ilustre”. Aunque aclaró que si fuera en nombre de todos los profesionales de la salud, “sería correcto”.

 

Un poco de su vida y trayectoria

 

Alberto Crescenti tiene 67 años, nació un 5 de enero de 1953 en las calles Cobo y Del Bañado, en el barrio porteño de Pompeya. A 8 cuadras de la cancha del club de sus amores: San Lorenzo de Almagro. Alguna vez soñó con ser arquero como su ídolo de chico, Carlos “Batman” Buttice. De grande su héroe fue el doctor René Favaloro. Casado con Silvia -una psicóloga que jamás lo pudo convencer de hacer terapia-, es padre de dos hijos. Vive en Belgrano y allí se relaja, cuando la profesión se lo permite, escuchando jazz y pop o quizás disfrutando su colección de 80 libros y películas basadas en relatos de Sir Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes y médico como él. No va a misa pero refleja su fe en las parroquias de San Roque, San Expedito y la Virgen Desatanudos. Su tío Ernesto, obstetra, fue quien lo trajo al mundo y de niño en su consultorio mientras jugaba con sus dos primos empezó a soñar con ser médico.

 

Cuando tenía 10 años, sufrió el primero golpe duro de su vida: su papá, que padecía hipertensión arterial, murió como consecuencia de una insuficiencia renal a los 47 años. Poco tiempo después lo dejaría también su tío Ernesto, quien le despertó el amor por la medicina. Su mamá, vivió hasta los 100 años, y falleció en 2018.

 

Cuando terminó el secundario en el Colegio Mariano Acosta, tuvo que salir a trabajar. Lo hizo en una cartonería, luego trabajó en una cerrajería y en 1975 en el Banco Provincia sin dejar atrás su fantasía de niño que se hizo realidad el 24 de marzo de 1979 cuando se recibió de médico, como su tío, en la UBA.

 

Al poco tiempo trabajó en la guardia del hospital Penna. Contó alguna vez que al mes de subirse a una ambulancia y aunque se dedicó durante 11 años a la pediatría, el sonido de la sirena de aquella vez lo embriagó. “Una y otra vez pedía salir a la calle a curar a quienes quizás no podían decirme dónde les dolía”.      La emergentolgía aún no estaba aceptada como especialidad, pero él ya la practicaba. “Ahí tenés tus conocimientos, tu buen arte y saber, y ahí no le podés preguntar a nadie; la decisión tiene que ser la exacta: el paciente se muere”, señaló hace unos años.

 

El SAME (Sistema de Atención Médica de Emergencias) llegó en 1991. A Crescenti lo llevó allí, el primer director del sistema de emergencias porteño, Héctor Garín. Al poco tiempo, el 17 de marzo de 1992, llegó la bomba en la Embajada de Israel, donde murieron 22 personas y 242 resultaron heridas. En aquella época, la base del SAME estaba en Sarmiento y Carlos Pellegrini. Llegó, con seis ambulancias, a los tres minutos de la primera explosión. Mientras se acomodaban para empezar a trabajar, una segunda detonación casi lo mata. No sería la última vez que su vida correría peligro. Trabajaron, sin descanso, desde las tres menos cuarto de la tarde hasta las cuatro y media de la madrugada del día siguiente. 

 

Ese mismo año fue ascendido a director general. Y a los dos años, otro cimbronazo, aún peor. El atentado a la AMIA (85 muertos, más de 300 heridos) puso de relieve las falencias del sistema de emergencias. Crescenti sabe qué errores se cometieron: “Falló el cordón de seguridad, había mirones parados arriba de los escombros, que podían estar apretando gente”, contó en una entrevista. Allí, la tristeza lo invadió con la última persona que fue rescatada, después de 31 horas de tarea incesante. Jaboco Chemanuel, se llamaba. “Cuando una persona está ocho metros abajo, con agua, con un cadáver encima, con sus piernas aprisionadas por una viga, y lo sacás con un equipo que desciende hasta el lugar, le das oxígeno y le colocás una vía parenteral; el hombre se da vuelta, te dice gracias, y a las 48 se muere… Es tremendo”, dijo en una entrevista a Infobae. 

 

 

Se fue del SAME en 1997. Fue coordinador de Emergencias Sanitarias de la Nación y auditor en el sanatorio Julio Méndez. En 1999, cuando un avión de LAPA se estrelló en la Costanera ( 65 muertos), fue llamado por el subsecretario de salud de CABA, Jorge Lemus. Y cuando en 2004 un incendio se llevó la vida de 194 personas en Cromañón, lo llamaron desde Defensa Civil para contar con sus consejos mientras cenaba en un restaurante. Dejó todo y fue.

 

Regresó al SAME, como director general, en el año 2006. Dos años más tarde se estableció un -Protocolo de Emergencias- que fue vital cuando el 22 de febrero de 2012 ocurrió el terrible accidente de Once. A las 8.33 de la mañana, una formación que llegaba repleta de gente impactó contra la plataforma de la estación. Hubo 51 muertos y casi 800 heridos. Las imágenes de ese día son imposibles de olvidar, quedaron en nuestras retinas para siempre.  La escena del primer vagón era muy impresionante: 150 personas apiñadas como una sola en apenas seis metros. Tuvieron que removerlas, una por una, con vaselina y aceite. Todos coincidieron que el trabajo del SAME fue impecable.

 

 

En 2016 cinco chicos murieron por sobredosis en la fiesta electrónica Time Wrap, en Costa Salguero. En ese momento el pensamiento lo trasladó a sus dos hijos, que tienen 39 y 35 años: “Hay que besar a los chicos a la mañana, no veamos más camas vacías”, dijo entre lágrimas mientras daba una entrevista televisiva. 

 

La última vez que se quebró fue a principios de junio en el incendio de la perfumería Pigmento en Villa Crespo. En el homenaje que se hizo a los bomberos que murieron en la explosión expresó “Espero que Ariel y Maxi descansen en paz. Un saludo muy fuerte”, dijo quebrado, tras un barbijo.

 

Esa tarde, otra vez la muerte lo rondó. “El rescate comenzó después  que la primera explosión afectase a los bomberos, de los cuales uno estaba en shock. Cuando llegamos había mucho humo y empezamos a retirar a los heridos. Estábamos tratando de sacarlos cuando se dio una segunda explosión, aún más fuerte, más violenta, que lanzó mucha mampostería sobre nosotros. La deflagración no logró tirarme, pero volaron baldosas sobre nuestras cabezas”. La verdad es que volvimos a nacer”, confesó.

 

Durante la pandemia por coronavirus tuvo una actuación destacada. En cada evacuación de geriátricos, Crescenti estuvo presente.

 

El titular del SAME es, además, profesor de Emergentología de la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló y del Instituto del Recurso Humano de la Asociación de Médicos Municipales.  

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