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Un nuevo año de sufrimientos ha culminado en lo que respecta a la vida del fútbol profesional en el Club Atlético Platense, disciplina troncal de una Institución que sigue sumida en una profunda crisis dirigencial de la que parece lejana su solución, por la multiplicidad de intereses tan creados como opuestos, en aras de una probable solución.

 

La primera mitad del año nos encontró –de manera inesperada- nuevamente siendo protagonistas directos de la lucha por no descender de categoría. Los magros resultados obtenidos por los procesos anteriores a Kuzemka, más los increíbles puntos perdidos a lo largo de éste, llevaron al plantel a tener que depender del resultado de otro cotejo para saber si se descendía directamente, si se promocionaba, o bien si se mantenía directamente la categoría.

El abúlico empate entre “Tirolenses” y “Milrayitas” decretó la permanencia en el Nacional “B”, y todos esperábamos que se hiciera una evaluación seria y objetiva, que llevaría al trazado de un proyecto que debería devolver al Club a los primeros planos no solo por historia, sino también por necesidad: se necesitaba hacer una campaña de al menos 55 puntos para evitar lo que sí ahora se había transformado en una realidad, el descenso directo. 

Se arrancaba lejos del inmediato antecesor en la cruel tabla, Defensa y Justicia, club cuyo Presidente es quien representa ante Julio Grondona a la categoría en la A.F.A. (¿ventaja o desventaja, viendo los casos Meiszner con Quilmes y Merelas con El Porvenir?), y que “a priori” se estaba reforzando con jugadores con experiencia no solo en la categoría, sino también de la Primera División. Entre idas y vueltas, a días de comenzar el torneo se aprobó su reglamento, que establecía que los dos últimos de la tabla de promedios –independientemente que fueran directa o indirectamente afiliados a la A.F.A.- descendieran de manera directa, dirimiéndose la promoción entre sus inmediatos antecesores -allí sí teniéndose en cuenta su categoría de asociación-.

En ese contexto, Platense arrancaba descendido, último, solo. Muchas eran las especulaciones: que Italiano no iba a aguantar (hasta ahora, las más certeras, 7 puntos en 19 partidos), que Merlo se iba a caer (arrancó bien la temporada y se cayó sobre el final, pero aún así no cuenta con riesgo directo de descender de manera directa), que la C.A.I. estuvo “coqueteando” con venderle la plaza al recientemente descendido Talleres de Córdoba porque los costos no le daban para soportar una nueva temporada (recordamos que la C.A.I. es un club chico de Comodoro Rivadavia, cuya entidad más popular es Huracán), que Boca Unidos era una incógnita (lo sigue siendo aún)… y que Platense debería armar un plantel con la clara aspiración de –por lo menos- estar peleando entre los cuatro primeros, con el objeto de poder aspirar a luchar la promoción (por no descender, claro). Kuzemka tuvo en sus manos la oportunidad de demostrar que podía armar un equipo con necesidades ofensivas, y en aras de eso nos ilusionamos con la llegada de algunos nombres que podrían darle un equilibrio absolutamente carente: Silvio Duarte en defensa, Ricardo Chavarri o el “jugador estrella” del recientemente ascendido Deportivo Merlo (Pablo Rodríguez) en el medio, o Emiliano Romero y Diego Ceballos en ataque.

Pero también llegaron Guillermo Hernando, Sergio Viturro, Jorge Daolio, Gastón Martina, Pablo Rosli y Leonardo Abálsamo, y muchos comenzamos a preguntarnos si realmente estaríamos a la altura de las circunstancias. Entre idas y vueltas, Kuzemka se quedó en el club, estos jugadores fueron los que llegaron, y pensamos que la única opción que nos quedaba era matar o morir. Pero no: el Entrenador nos volvió a devolver el patético espectáculo de la especulación y la pequeñez táctica.

 Un equipo que tenía por historia y necesidad atacar y atacar volvió a pararse con cuatro defensores, cinco mediocampistas (tres de contención), y un solo y moribundo punta que debía bajar los pelotazos, darse media vuelta e intentar patear al arco en una divisional donde los centrales no se destacan precisamente por su jerarquía táctica, sino más bien por su potencial físico.

Se llegó a un límite en un cotejo, en el que se retiró al único punta y se jugó con seis volantes, y allí sí uno podía percibir que su ciclo se encontraba fnalizado. Nuevamente, un Director Técnico “Calamar” debía abandonar un barco que ayudó a remendar y que no supo nunca cómo capitanear antes de la mitad de la rueda, con los trastornos lógicos que suelen provocar dichas situaciones, luego de un nuevo reproche mediático hacia los jugadores, que terminó con la paliza que nos propinara Unión de Santa Fe en su estadio. ¿Y ahora? Quedaban dos opciones: o se entregaba el equipo a gente del club, para repetir las experiencias de Rampi y Viscovich, a costa de dejar marginados tempranamente del plantel a profesionales a los que había que seguir pagándoles un sueldo y descender tempranamente, o encarar la búsqueda de un nuevo profesional actualmente desempleado, con los costos en los que se incurre en tal situación.

En esa turbulencia apareció Alberto Pascutti, hombre evidentemente tramitado por el mecenas del club, Darío Biorci. Pascutti hizo lo que pudo con un plantel que él no armó, aunque si bien se manejó de manera mucha más profesional y experimentada que Kuzemka. Obtuvo el 45% de los puntos (una típica campaña promedio, signada por la maldición de los empates). Sí rápidamente se dio cuenta que ciertos jugadores carecían de disciplina táctica y los marginó del plantel (casos Chavarri y Daolio, quienes no serán tenidos en cuenta en la próxima rueda), y trató de mantener hasta los límites de la tolerancia en su puesto al experimentado arquero Guillermo Hernando, protagonista tanto de atajadas providenciales como de errores irreproducibles, siendo reemplazado por el actual invicto y hombre del club, Alejandro Sánchez.

Así llegamos al final de esta rueda, nuevamente ubicados de la mitad para abajo. Podemos decir que aún con aire, puesto que Defensa arrancó bien pero se cayó al final, y la diferencia existente entre los equipos es prácticamente la misma (16 puntos) que la que era al principio del torneo. La situación de Italiano es técnicamente irreversible. Sigue encontrándose en el terreno de las suposiciones el final de Merlo o Boca Unidos en el torneo, y sí se debería apostar a sumar la mayor cantidad de puntos posibles, para poder al menos superar a la C.A.I. (5 puntos de diferencia), para condenarlo al descenso directo y ver después cómo se zafa de la Promoción, o prepararse para ella.

Este objetivo sí es posible, y nuevamente no por mérito directo nuestro, sino por lo mal que hacen las cosas los otros. En definitiva: mediocridad de todos los matices. Pascutti es un entrenador que hablará todo lo que deba de puertas para adentro, y defenderá todo lo que pueda de puertas para afuera. Es reconocido por ser un gran armador de planteles, y en aras de esta virtud celebro –en lo particular- que haya llegado a esta instancia, puesto que con algunos refuerzos y tiempo de trabajo se encuentra en condiciones de poder cumplir con el objetivo real de salvar al equipo del descenso directo y, por qué no, de la angustiante Promoción.

Es así que ha decidido no contar más con jugadores que no han rendido (Chavarri, Daolio, Viturro, Rosli, Abálsamo y el “indultado” Frean), y ha entregado a la Comisión Directiva una nómina de 20 jugadores, que se reparten en la necesidad de un defensor (¿para complementar a Duarte y relegar a Nieva, para reemplazar el inminente retiro de Philipauskas?), dos carrileros (que puedan asociar juego con el superlativo Emiliano Romero y articular el mediocampo con el “Pocho” Scatolaro y el regresado Brian Robert) y un punta (apuesta fuerte a la dupla Ceballos-Melivillo, si no no se explica tácticamente la salida de Abálsamo en un plantel que adolece de atacantes, al menos que decida explícitamente contar en ataque con Romero).

Luz de esperanza. Nuevamente, luz de esperanza. Estamos en estado de coma, pero es reversible. Ojalá Pascutti sepa cómo revertir esta situación, y encuentre en su plantel y en la Comisión Directiva el apoyo necesario para poder lograrlo, para alegría del pueblo Calamar.

 

                                           Nota publicada en PLATENSE A LOS ANCHO 

 

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