“El barrio es mi fuente, aquí empecé, aquí voy a terminar”

 

Enrique Lifschitz

Enrique Lifschitz dirige el periódico barrial «Vínculos Vecinales» desde el año 1985, e integra Cooperativa (de Editores Barriales) EBC. En su casa, en el barrio de Floresta, este hombre de casi ochenta años cuenta cómo lleva a cabo esta tarea.

Enrique abre la puerta. Su mirada serena primero y su cálida sonrisa después, invitan a subir una extensa escalera que nos conduce a su refugio, al lugar donde cada mes le da vida a su periódico llamado «Vínculos Vecinales». La publicación comenzó como una forma de comunicar los problemas y acontecimientos que ocurrían en el barrio. Hoy, varias décadas después, sigue generando esos vínculos y esa participación que a Enrique tanto entusiasma.

 

Habla pausado y de tanto en tanto, toma las llaves que descansan en la mesa y las entrelaza entre los dedos, armando una especie de juego. Evoca y sonríe. Se sumerge lentamente en su historia, que también es la del barrio. Está por cumplir 80 años y sin embargo posee la energía de un adolescente. Una notebook descansa a su lado, imagen que refleja su incesante búsqueda, sus ganas de seguir creciendo y creando.

 

Enrique trabajó toda su vida como metalúrgico pero siempre estuvo muy involucrado en las cuestiones sociales y las luchas vecinales de su barrio, Floresta. Y allá por el año 58’ había iniciado el proyecto de un periódico barrial junto a otros vecinos inspirados en la comunicación de sus luchas barriales creaando conciencia entre los demás vecinos sobre, el proyecto se puso en marcha pero no siguó adelante.

 

Pasaron los año y por el año 85’, Enrique ya era jubilado “Mientras estaba haciendo una cosa u otra recibí la sugerencia: ¿por qué no revivís la historia? Ahora tenés tiempo, ¿por qué no te largas a hacer el periódico? Dije que si porque siempre tuve la vocación. No sabía cómo pero en el año 85 una profesora de historia, Francis La Greca tuvo la iniciativa de formar el taller de historia barrial de Floresta. Se formó un grupo divino  que todavía continua en el Centro Cultural Baldomero Fernandez Moreno y entonces fueron nutriendo la idea del periódico barrial. Tuve un gran apoyo y ahí ya me dediqué full time», cuenta Enrique.

 

«Cuando empecé el diario estaba fundido económicamente, había tenido un bajón anímico, ya había perdido mi casa, tuve que empezar de cero. Yo lo empecé como una terapia y descubrí que podía ser un medio de vida pero lo descubrí en el andar porque tuve mucho apoyo», prosigue.

 

 «Digo que lo voy a seguir haciendo hasta que mis pies caminen y mi mente no delire, cuando falle alguna de esas dos cosas, ése será el momento de dejarlo, si es que alguna vez fallan», puntualiza.

El periódico es desarrollado íntegramente por Enrique, quien además carga en su changuito los ejemplares y los reparte en los negocios y en las distintas instituciones y organizaciones del barrio. Lo interesante es que aún realiza el armado del diario como antes.  Voy haciendo las notas, los avisos, los voy pegando en una cartulina y lo llevo a la imprenta después», explica. «En la imprenta lo scanean y lo imprimen. Lo hago todo yo el periódico. Se transformó más que en un medio de vida, en una forma de vida porque siempre me gustó movilizar, caminar, relacionarme, comunicarme y el periódico me empuja a eso. Me ayuda a mí y a la gente está haciendo algo a difundir lo que hacen. Entonces sigo jugando, si le tengo que dedicar 24 horas no lo siento porque no persigo una finalidad económica sino que estoy haciendo algo que es parte de mi historia, que disfruto», explica.

 

Como si fuera un juego, repite muchas veces Enrique, quien además de dedicarse a su publicación forma parte de un taller literario, realiza un curso de técnicas de la comunicación, participa en el Taller de Historia Barrial , realiza actividades físicas para adultos mayores en Polideportivo Pomar y también concurre a los talleres del Hospital Pirovano.  «Yo trato de tener actividades en diversos lugares para estar conectado con distintos sectores de gente. Hay que mantener las pilas», dice.

 

La charla va llegando poco a poco a su fin entre anécdotas tangueras, de su vida, sus recuerdos y su tan añorado barrio. Cuenta que uno de sus hijos sigue sus pasos con la publicación de la revista «Floresta y su mundo», que una vez cuando Osvaldo Pugliese estaba preso y su orquesta tocó en el Club Combinados del barrio  en el que ocupaba el cargo de Secretario de Cultura, escribió un poema que tituló «el tango está preso» y fue leído por el presentador de la orquesta el Negro Mela. Sonríe, se ilumina... él es del barrio y el barrio es su gente, los vecinos, las asociaciones. Dice que «con el tiempo lo que me propongo lo cumplo. Tengo espíritu, ganas». Su aventura es extensa y clara. Enrique apoya en la mesa las llaves con las que ha jugado a lo largo de la entrevista. Me mira, sonríe y con el rostro iluminado dice creer que «el periódico tiene un poco de alma».

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