Sábado 15 Diciembre 2018

Comuna 12   

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biblioteca de saavedra

La tormenta del dos de abril provocó la pérdida de 5000 ejemplares. Cómo fue el acercamiento de la comunidad y los medios. La actualidad del proyecto de restauración y recuperación de los libros.

 

La biblioteca Cornelio Saavedra estaba cerrada cuando llegué. Mariela Pino, secretaria general del lugar, me abre la puerta y me indica que busque un asiento. El teléfono suena y ella sale a atenderlo. Aprovecho para hacer un recorrido visual: un sillón de dos cuerpos elevado sobre unas maderas, las zapatillas con enchufes arriba de las computadoras y no en el piso. Entiendo entonces que en la biblioteca debieron aprender muchas cosas a la fuerza en estas últimas semanas.

Mariela vuelve: “así está todo el día, la gente no para de llamarnos para donar libros”. Pero por ahora no pueden recibirlos, porque como quedó demostrado durante la tormenta del dos de abril, la biblioteca no es un lugar seguro.

“Esa noche, porque la lluvia fue a la madrugada, no podía dormir pensando en cómo íbamos a encontrar la biblioteca. Llegamos al día siguiente, a eso de las 14 hs (porque algunos tenían agua en sus casas)”. La situación fue la misma que se repitió en varias casas aquella mañana del diluvio, intentar dimensionar el daño y comenzar a recuperar lo que se podía. “Era entrar, que se te llenen los ojos de lágrimas y salir afuera a juntar coraje para volver a entrar”. Muebles corridos de lugar por la fuerza del agua, libros desparramados por el piso, llenos de tierra. 

García del Río era ese día un escenario dantesco: autos flotando en el agua, casas con puertas abiertas, muebles en la calle, gente sin luz. Fueron los propios vecinos los primeros en acercarse a la biblioteca y ayudar a recuperar los libros. Y después claro, los medios. “Todo esto era algo nuevo para nosotros, imaginate que los periodistas en la puerta de la biblioteca, nos preguntaban qué íbamos a hacer y nosotros lo único que pensábamos era en que nos dejaran volver para salvar a nuestros libros”.

“Yo vivo a cuatro cuadras de la biblioteca, al igual que todos. Realmente no sabíamos qué hacer. Inmediatamente se acercó a nosotros la gente de la Biblioteca del Congreso -que fue noticia hace alrededor de un año por sufrir una inundación por la rotura de un caño-, que su puso a disposición su equipo de trabajo para recuperar nuestros libros, porque había cosas que nosotros ni sabíamos. Y bueno, ahora aprendimos un montón de cosas nuevas. Los chicos estuvieron trabajando incluso sábados y domingo”.

Algunas de las medidas de precaución que se tomaron fue separar los libros de las paredes, que todavía siguen húmedas y se vaciaron los últimos dos estantes de toda la biblioteca, con lo cual ésta pierde capacidad. El salón de la biblioteca, que había sido pintado hacía menos de un mes antes de la tormenta, hoy sirve de lugar de secado y prensado de libros. Es importante mencionar que allí dan clases también distintos profesores, para quienes la biblioteca es su hogar y hoy perdieron su fuente de trabajo. Ya de por sí se trata de una casa vieja, con problemas de humedad, el plan ahora es hacer compuertas para frenar el paso del agua, me explica Mariela mientras me lleva a recorrer el lugar.

El de la biblioteca fue un caso que tuvo una rápida repercusión mediática si se lo compara con otros fenómenos propios del último diluvio. La asistencia que brindó Red Solidaria fue clave en esto, como también lo fue en la recuperación de los ejemplares que se perdieron, que rondaban alrededor de los cinco mil: “Tras vernos en la televisión, Juan Carr, de Red Solidaria se acercó a nosotros y nos dijo que si habíamos perdido 5000 libros, recuperaríamos 5001”. Y así fue, efectivamente, que cumplieron con su promesa el pasado jueves dos de mayo.

Además de la ayuda de Red Solidaria, fueron las pequeñas (y no las grandes) editoriales en general quienes se acercaron a la biblioteca para brindar los ejemplares perdidos. Pero las historias de ayuda son infinitas: “había un jubilado que venía todos los días a las 14 y se iba a las 20 hs y durante todo el día cortaba papeles para poner entre las hojas de los libros. La gente se armó una especie de juego, cada uno elegía un libro que le gustaba y se ponía a secar ese libro. Acercaron secadores de pelo, ventiladores, porque todavía hoy tenemos los ventiladores encendidos todo el día”.

Quien escribe no pudo evitar preguntarle cuáles son las joyitas de la biblioteca y con mucho miedo, indagar cuál fue su estado después de la tormenta. Un Juvenilia ilustrado por Cané y una edición hermosa de Martín Fierro, con una tapa de cuero, fue lo primero que buscaron y encontraron en buen estado. “Pero perdimos una colección de Espasa Calpe que era muy valiosa para nosotros, a pesar de que no la teníamos completa, teníamos que decidir rápido, porque no hacíamos tiempo a sacar todo y empezar a secar y tuvimos que elegir en algunos casos”.

En cuanto a la forma de financiar las nuevas obras que requiere  la biblioteca, la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) se acercó a ofrecer un subsidio, también lo hizo la gente del Ministerio de Educación. De igual manera, Mariela me comenta que “completamos el formulario para el subsidio que ofrece el Gobierno de la Ciudad, había muchísima gente cuando lo llevamos, aunque nos asesoraron muy bien”. Esta situación fue vivida por la mayoría de los vecinos que se acercaron a la sede comunal para pedir el subsidio. Hubo quince mil reclamos en quince días, y si bien en la biblioteca se muestran esperanzados en conseguirlo, es importante recordar que todavía hay quienes esperan el pago del subsidio por los temporales ocurridos el 15 y 19 de febrero de 2010, de los cuales hasta el año pasado sólo se pagó el 5%, lo que no plantea un escenario muy alentador.

Todavía no se sabe cuándo va a volver a reabrir la biblioteca, por lo que se necesita de la paciencia, pero también de la ayuda de los socios y de la comunidad toda. El próximo sábado once de mayo, a partir de las 15 hs, tendrá lugar un festival frente a la biblioteca (García del Río al 2700), con el objetivo de dar a conocer el proceso de recuperación del lugar. Allí habrá música y narraciones de cuentos para los más chicos.

Es de noche cuando salgo de la biblioteca y llueve en Saavedra. Mariela cierra la puerta de la biblioteca y nos despedimos mirando hacia arriba, como pidiendo clemencia a un cielo que no deja en paz al barrio y a la biblioteca. Y como con cada tormenta, cuando el agua baja, comienzan a verse recién los daños: un creciente deterioro en el estado de salud de los habitantes debido al número en aumento de ataques de pánico, ansiedad y estrés que sufren ante cada tormenta, un mercado inmobiliario que ve descender los valores de los inmuebles de la zona y la ausencia de funcionarios de la Ciudad para asistir a la comunidad.