Pierini: “El primer lugar en reclamos se lo lleva la telefonía celular”

alicia pierini

En medio de su segunda gestión al frente de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, Alicia Pierini, dice apostar a la mediación para resolver la vulneración de derechos por parte de los Estados y critica el amparo judicial. “Funciona en lo inmediato pero deteriora la democracia”, asegura.

 

Alicia Pierini transita su noveno año como defensora de los porteños. Su gestión al frente del organismo que controla la vigencia de los derechos de los vecinos de la Ciudad comenzó en 2003 y atravesó los mandatos de Aníbal Ibarra, Jorge Telerman y Mauricio Macri. A dos años de tener que abandonar la Defensoría tras dos períodos consecutivos, Pierini analiza la actualidad del organismo, destaca su rol de mediadora y critica a quienes utilizan la herramienta del amparo judicial para lograr que el Estado garantice sus derechos.

 - Desde que usted asumió la Defensoría creció. ¿Cómo fue ese crecimiento?

- La Defensoría fue creciendo, se expandió, hubo cambios, se profundizaron muchas cosas, se abrieron programas que no existían. No hubo expansión en desmedro de lo preexistente. Todas las áreas que funcionaban continúan. Pero si, por ejemplo, salud antes hacía sólo la parte hospitalaria y algún reclamo particular, ahora hace hospitales, obras sociales, políticas públicas y salud ambiental. Así ocurrió en cada área.

También se incorporaron herramientas para la solución de los problemas que se van suscitando, y ahora al centro de mediación comunitaria se sumó uno que también hace conciliaciones entre reclamos vecinales y funcionarios de gobierno, más el método del arbitraje para quienes aceptan la gestión de un tribunal arbitral. En cuanto a los programas nuevos, se abrió un espacio para el área metropolitana, el de observación electoral y el de protección de datos personales.

- ¿Funcionó la descentralización de las oficinas?

- Pensamos acercar la Defensoría a los barrios y elegimos la franja sur y una intermedia. La primera fue Pompeya-Parque Patricios y esa sigue funcionando bien. Ahora incluso está ayudando al Centro de Atención Jurídica del Ministerio de Justicia de la Nación en Constitución, a la que asistimos con personal propio. Nación puede resolver temas como subsidios, registros de reincidentes o documentos de identidad, pero los programas locales los trabajamos nosotros. La Defensoría de Mataderos, en cambio, no nos dio resultado, hubo muchos asaltos y no había suficiente inserción en la zona. Estuvo tres años y la levantamos. La de Colegiales sí funciona bien.

- ¿Las denuncias fueron en aumento?

- Sí, la gente se acostumbra y cada vez conoce más. Nosotros no lo llamamos denuncias, sino consultas, reclamos o asesoramiento. De cada 100 reclamos, 3 ó 4 son denuncias. Para eso abrimos un área que no existía que toma la violencia policial. Tanto Federal como Metropolitana lideran el ranking de vulneración de derechos, a tiros y con muertos.

 - ¿No disminuyeron con el programa de seguridad de la zona sur que sacó a gendarmes y prefectos a la calle y dejó a la policía en las comisarías?

- Se habrán modificado otras cosas pero no la tasa de denuncias por violencia. Esas denuncias de aquí van al fuero penal. Nosotros denunciamos y la seguimos en el Juzgado y a veces hay que darles contención a las familias. 

 - ¿Cuáles son los principales reclamos?

- Hay mucho reclamo de consumidores y el primer lugar se lo llevan las telefónicas básicamente los celulares, son quejas. Pero la mayor cantidad de quejas y reclamos vienen de Tercera Edad por los jubilados. Anses, Pami y Programa Federal son los que se llevan casi el 50 por ciento de las presentaciones de los jubilados. Eso no baja.

 -¿Las personas en situación de calle se acercan?

- No, muy poco. A veces van nuestros equipos si son agredidos por alguna unidad de espacio público o una unidad policial o las dos al mismo tiempo. Pero son pocos los que se acercan.

 -¿Los paradores cómo funcionan?

- Los paradores no están funcionando mal dentro del concepto programático que tuvieron. El problema es que es una franja poblacional muy difícil. Están quienes se quedaron en calle por desalojo con un problema social más posible de resolver y hay gente que está en la calle porque quiere estar en la calle.

 - ¿Cómo es el trabajo de la Defensoría en villas y asentamientos?

- Hay mucho de censar, de entender la situación, de mediar con el Gobierno de la Ciudad. Hay una mediación continua, y en otros casos hay directamente informes nuestros a la Legislatura e incluso amparos. Pero no empezamos con el amparo. Siempre intentamos con la mediación directa.

 -¿Funciona esa mediación? ¿Los funcionarios porteños escuchan?

- A veces si, a veces no. Funciona bastante con Salud y con Desarrollo Social. Con Educación, menos.

- ¿Eso tiene que ver con los funcionarios?

- Si. Entre la política enunciada, las resoluciones de un ministro y las implementaciones posteriores puede pasar cualquier cosa. La llamamos jurisprudencia de mostrador. Por ejemplo, le piden a una familia que compruebe su domicilio. La señora de la villa que no tiene ABL, cocina con garrafa y está colgada a la luz no tiene cómo probar el domicilio, salvo que tenga la suerte de que le conste en el DNI. ¿Entonces qué se hace? Nosotros decimos: piensen otra forma, manden una asistente social que para eso las tienen. ¿Cómo no le das un subsidio porque no pueden acreditar el domicilio? Eso nos pasó con Desarrollo Social. Y es que no pueden acreditarlo porque están en el último escalón de la miseria. Es justamente el que más requiere el subsidio.

 - Muchas veces para lograr que no se violen los derechos básicos de los ciudadanos se utilizan los amparos. Usted dijo que no está de acuerdo con esa herramienta ¿Por qué?

- Es mover un aparato que debiera reservarse para otros temas. Ahora la gente piensa que la Justicia está para todo. Y a la Justicia eso le gusta.

 - ¿Pero el amparo funciona o no?

- Funciona en lo inmediato y deteriora la democracia en lo estratégico, esa es mi objeción. Porque la democracia se basa en la política y en la eficiencia de la política. No se basa en que los jueces tengan que hacer las cosas que les corresponde a los funcionarios políticos.

 -¿Pero quién hace que se cumpla un derecho que se esta vulnerando?

- Es que los jueces muchas veces ni siquiera se fijan si se está vulnerando. Lo dan por bueno. Porque tampoco se mueven de sus escritorios. Dan el amparo y después vemos. A veces tienen razón y a veces no. A veces se pueden conseguir las mismas cosas sin el amparo. Porque el amparo está hecho para las cosas graves y urgentes.

 - ¿Y cómo se pueden conseguir?

- Depende el tema. Pero hablando con los funcionarios. No todo va por amparo. Por temas de salud yo podría firmar 20 amparos por día. Uno para que le den el turno en el hospital, otro para que den la leche en el lactario, eso hace un amparista serial. Nosotros usamos el teléfono. ¿En cuál lactario hay leche? En tal, bueno señora vaya con esta nota al lactario de este otro barrio. Ahora si a un paciente no le dan el marcapasos, llamo y si en 24 horas no se resolvió voy por amparo. Pero eso no puede esperar. O con la insulina, no puedo ponerme a esperar que (Guillermo) Moreno se de cuenta que no puede impedir el ingreso de la insulina, fuimos por amparo y aparecieron las insulinas.

 

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