Superando límites: Lucas, nadando de Villa Urquiza a Toronto

Lucas Poggi

Lucas Poggi nació con una lesión medular, pero esto no le impidió convertirse en un destacado nadador. Tiene 22 años y siempre vivió en Villa Urquiza. En los últimos Juegos Parapanamericanos, consiguió la medalla de bronce. Detrás de sus logros, tiene una historia de gran sacrificio personal y un fuerte apoyo de su familia.

 

Cuando se metió a una pileta por primera vez, Lucas Poggi, no pensaba en que el destino lo llevaría a hacer esa misma acción, muchos años después y en la otra punta del continente americano y por una competencia deportiva. Pero la persistencia, el duro entrenamiento y el apoyo de sus padres convirtieron a aquel chico que disfrutaba del agua en la casa de veraneo en un nadador destacado.

Lucas Poggi nació en Villa Urquiza el 7 de setiembre de 1992 con el diagnóstico de “espina bífida”. Esa discapacidad, sin embargo, no le impidió en absoluto cumplir su vida deportiva en la natación. Compite en la categoría adaptada, con colegas con capacidades diferentes. En su caso, no puede utilizar las piernas por su lesión medular, por lo que todo su nado es con los brazos. En los recientes Juegos Parapanamericanos de Toronto, Poggi, consiguió la medalla de bronce en los 100 metros del estilo espalda. Ahora quiere llegar a Río 2016.

Su primer contacto con el agua fue en los veranos en Córdoba, en la pileta que la familia tenía en la casa. A los ocho años comenzó a entrenar en la pileta de River, alentado por una profesora. Desde entonces, no se alejó más de la natación. “Primero iba dos veces por semana, a los quince le agregué trabajo en el gimnasio y al tiempo ya pasé a ir todos los días”, recuerda Lucas. Al terminar el colegio intensificó su entrenamiento haciendo un doble turno diario.

A la par que dedicaba más tiempo al deporte, comenzaba a participar en torneos representando al país. Fue ascendiendo en escala, primero con torneos juveniles, nacionales hasta llegar a los internacionales. El primer momento de gloria continental lo vivió en los Juegos Parapanamericanos de Guadalajara 2011, donde consiguió tres medallas. Allí, este humilde joven de entonces 18 años, pudo entrar en la elite de la natación adaptada.

Le siguieron participaciones y logros en Mundiales y Sudamericanos, siempre compitiendo con nadadores con distintas discapacidades, lo que resalta más lo conseguido. Algunos de sus rivales tienen parálisis cerebral, por lo que sí pueden usar las piernas, por ejemplo. Este 2015 lo encontró integrando el equipo argentino en el Mundial de Escocia y la ansiada participación en los Juegos de Toronto.

El día previo a la carrera en la que consiguió el tercer lugar, consultó con su mamá y su familia. Ella le dijo que lo disfrute y que sea feliz. Lo mismo le deseó su entrenador. “Eso me dejó tranquilo porque mi cuerpo sabía moverse en el agua, había entrenado mucho y todo tenía que salir bien”, dice el nadador mientras mira con orgullo la medalla de bronce que está a un costado de la mesa del living de su casa.

Lucas Poggi vivió toda su vida en Villa Urquiza. Hizo el Jardín y la Primaria en la Escuela Leopoldo Lugones, cerca de su anterior casa en Burela y Olazábal. Hace diez años se mudó a donde reside actualmente, en Ceretti y Quesada. El secundario lo terminó en el Agustín Tosco de Villa Pueyrredón. Pese a su sacrificada vida, pudo terminarlo a tiempo. “Los profesores entendieron que tenía que viajar seguido a competir y rendía antes o después”, manifiesta. Tuvo que dejar de lado salidas con amigos en plena adolescencia, pero no se arrepiente. “Es otro tipo de vida, es una pasión, sino no lo hubiera mantenido por tanto tiempo”, afirma con seguridad Lucas. Consciente de que la vida en el deporte termina rápido, también quiere estudiar medicina.

Su vínculo con el barrio no se detiene hoy en día. Hace cuatro años sintió que había cumplido una etapa en River. Y aprovechó que el entrenador de Platense, Juan Manuel Zucconi, le propuso pasar a nadar para el club de Saavedra y aceptó. “Siempre me recibieron bien. Allí la pileta no es muy grande pero el corazón sí”, dice el nadador. En el verano, nada con sus compañeros en la misma piscina que los socios, quienes lo saludan. En esta época en la que el clima no ayuda, lo hace en el CENARD, pero siempre representando a Platense. Además en el club “calamar” entrena en natación convencional, algo que lo obliga a esforzarse más porque para seguir el ritmo de quienes nadan con todo el cuerpo debe ir más rápido.

Pese a que frecuentemente (durante la entrevista) mira a la imponente presea de bronce, los objetivos para Lucas Poggi no se detienen. “A la medalla hay que guardarla y seguir compitiendo”, sentencia. Su principal meta estar en los Juegos Paraolímpicos de Río 2016. Está a un segundo de entrar a la clasificación, y para mejorar la marca debe participar de torneos.

Para la preparación a Río, se le hace indispensable tener sostén económico externo. “Para estar en los torneos clasificatorios, se necesita apoyo de sponsors. El ENARD nos ayuda mucho con una beca, pero que no es fija y es acorde a los logros. Si otro nadador te supera en el tiempo, aunque vos hayas mejorado la marca, podés perderla. Entonces es indispensable una ayuda económica fija”, pide Lucas, quien además tiene un motivo particular que aumenta su deseo de participar en los Juegos: comienzan el 7 de setiembre del año próximo, día de su cumpleaños.

Un párrafo aparte en la vida de Lucas merecen sus padres. “El apoyo de ellos fue fundamental”, sostiene. Su papá lo llevó todas las tardes a River a entrenar hasta que él pudo comprarse un auto y “dejarlo tranquilo”. Su mamá y su hermana, siempre lo apoyaron y alentaron en su entrenamiento. Él pudo retribuirlo de una linda manera: en la ceremonia de premiación en Toronto, se escribió en su mano izquierda “para vos mami”, un tierno gesto que vio todo el continente.

La vuelta al barrio provocó una explosión. Desde las redes sociales se fue comentando sobre este muchacho de Villa Urquiza que había conseguido la medalla. Mucha gente pudo conocer la historia de Lucas, y para quiénes lo conocían, representó un orgullo . Él, en un gesto que lo describe, agradeció vía Facebook las muestras de apoyo.

“Mi familia me educó así. En el deporte hay valores, y uno de ellos es ser humilde. Podes hacer bien tu deporte pero ser buena persona va de la mano. Sino “no sos nada”, cierra Lucas Poggi, resumiendo su historia de vida. 

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Mateo LazcanoMateo Lazcano

 

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