¿Verde te quiero verde? La política de arbolado bajo la lupa

fresno

La cifra no solo se aleja de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que habla de un máximo de 3 personas por ejemplar, sino que además es un promedio cuestionado: la distribución no es pareja y el índice se agrava aún más en muchas zonas porteñas.

La política de arbolado la sigue el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, que hasta el 10 de diciembre ocupará Eduardo Macchiavelli. En 2013, esta área creó el “Plan Maestro de Arbolado” acusando la “falta de planificación” y la desinversión al respecto en los gobiernos anteriores. Para ello, se propusieron en aumentar y mejorar el arbolado público lineal, como se conoce a la vegetación que crece en las veredas.

Cuantitativamente, el plan se puso un plazo de 10 años y prometió aumentar en 100.000 los ejemplares de árboles en Buenos Aires. El desafío es alto: desde el paso de Carlos Thays hijo por la Dirección de Parques de la Ciudad, en los años ´40, no se volvió a alcanzar la cifra de 450.000 ejemplares en el territorio porteño. Según estimaciones oficiales, la cantidad actual es de cerca de 375 mil.

El registro de 6,7 porteños por cada árbol en las veredas tiene, sin embargo, muchas consideraciones. La primera, no menor, es metodológica: muchos señalan que el cálculo es en base a la población de 3 millones de habitantes, cuando durante la mitad del día hay más del doble de esa cantidad por motivos laborales, de estudio o trámites. En tanto, la cuestión más grave es que la distribución de los árboles está lejos de ser pareja en la Ciudad. La Comuna 1, y especialmente el barrio de Puerto Madero, lideran el ranking de arbolado. Sin embargo, lo hacen con una “ayuda” que hace volcar toda la estadística: solo la Reserva Ecológica de Costanera Sur tiene 350 hectáreas con vegetación. Allí, 18,5 metros cuadrados por cada habitante tienen el “paisaje verde”. La Comuna 14 (13,8 M2 por cada habitante) y la 8 (13,2 del mismo índice), superan también la recomendación de la ONU, que marca el umbral de los 9 metros cuadrados como saludable.

jacaranda

Jacarandá

En ellos ejercen una influencia casi definitiva los Parques 3 de febrero o “El Rosedal”, Roca, o Indoamericano, entre otros.
En el resto de las zonas que no tienen a estos espacios gigantes, la situación se vuelve mucho más preocupante: más de la mitad de las comunas porteñas tienen menos de 4 metros cuadrados de árboles por habitante. En la Comuna 3 (de Balvanera y San Cristóbal), el índice es de tan solo 0,4, mientras que en la 5 (Boedo y Almagro), es aún más bajo: solo de 0,2 metros cuadrados.

Recién el primer tipo de árbol nativo que aparece, según el último censo al respecto realizado en Buenos Aires en 2011, es el jacarandá. Su color violeta marca el 3,6 por ciento del total de los ejemplares porteños. Otra especie de este tipo es la tipa, aunque tiene una limitación: como su follaje logra tener un tamaño de gran porte, solamente está presente en las grandes avenidas.

Precisamente en el territorio de la Comuna 3 se inauguró el último año la “Plaza de los Vecinos” en Belgrano y Jujuy. Si bien ante el déficit de espacios verdes, la misma fue celebrada, abunda allí el cemento, lo que retoma otro problema complejo. Esta política de cementización en plazas y parques, cada vez más usual, es contradictoria con una de las funciones de los árboles reconocidas por el propio gobierno porteño: la absorción de dióxido de carbono. Ante una consulta para este artículo, los expertos de Medio Ambiente del gobierno porteño señalaron una serie de beneficios de la presencia de árboles. Uno de ellos hizo referencia a uno de los temas más presentes en la sociedad: el cambio climático, ya que remarcaron que la falta de vegetación puede alterar las precipitaciones y la temperatura. A solo días de la llegada del verano, vale recordar un estudio realizado por la Universidad Nacional de Tucumán que mostró la importancia de los árboles para hacer más soportable el calor. En la investigación, se comparó la temperatura en el ambiente en dos cuadras diferentes durante un día veraniego. Una de ellas tenía una gran cantidad de árboles en sus veredas, mientras que la otra apenas tenía ejemplares sueltos, ninguno de una altura considerable. Mientras en la primera la temperatura se mantenía en un promedio cercano a los 35 grados tanto en la sombra de la vereda como en el asfalto, en la segunda, la falta de árboles hacía que el calor ascienda a los 70 grados en la calle, 60 en las veredas y 40 en las paredes de las viviendas de ambos lados.
Por su parte, dentro del mencionado Plan Maestro, la Ciudad comenzó a elaborar y actualizar un mapa del arbolado porteño. Esta había sido una de las recomendaciones de la Defensoría del Pueblo, figuraba en la Ley 3263 de 2009 que legisla sobre la presencia vegetal urbana, y se encuentra disponible en el sitio oficial porteño. En el mismo, puede observarse que hay una especie de árboles que tiene una clara hegemonía en las 423 que están diseminadas por Buenos Aires: el fresno americano.

Se trata de una especie exótica, que reúne el 39,3% de todos los ejemplares. La posibilidad de controlar su tamaño con la poda, la resistencia de su madera a los vientos y las tormentas y sus características hicieron que a lo largo de las décadas se optara por la colocación de esta especia. Luego, con el 9,6%, la segunda más presente es el plátano, seguido por el paraíso con el 5,7%. Ambas también son exóticas, por lo que más de la mitad de los árboles porteños no son naturales de la Ciudad.

platanos

                                                 Plátanos

Recién el primer tipo de árbol nativo que aparece, según el último censo al respecto realizado en Buenos Aires en 2011, es el jacarandá. Su color violeta marca el 3,6 por ciento del total de los ejemplares porteños. Otra especie de este tipo es la tipa, aunque tiene una limitación: como su follaje logra tener un tamaño de gran porte, solamente está presente en las grandes avenidas.

Precisamente el porte es uno de los requisitos que se tienen en cuenta a la hora de elegir algún tipo de árbol: se trata de evitar aquellos de gran follaje. En tanto, también se busca que la especie no tenga un gran crecimiento, que las raíces sean lo menos dañinas posibles para los caños y veredas y que tenga mayor resistencia a las inclemencias que puedan provocar su caída. La confluencia del crecimiento demográfico y el auge inmobiliario traen consigo la mayor amenaza para los árboles porteños. El desafío para el Gobierno de la Ciudad es entonces grande, aunque ellos prometen también utilizarlo para compensar la poca presencia de especies nativas. En los cuatro puntos cardinales, mientras tanto, otras ciudades pueden hacer realidad la recomendación de la OMS: en Tampa, Estados Unidos, Singapur, Oslo y Sidney, hay un árbol cada menos de 3 pobladores.

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