Comuna 12

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Reflexiones en tiempos de cuarentena: "Reyes sin corona"

Situaciones que suceden en los distintos hogares de Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan, Villa Pueyrredón y los distintos barrios de la Ciudad. Imágenes cotidianas del aislamiento social, preventivo y obligatorio por el coronavirus.


Pocas personas caminan por Avenida Triunvirato, y no son las 4 de la mañana. No hay un alma esperando el tren en la estación, y no hay paro de transportes. Casi todos los locales están cerrados, y no es feriado. Hay cola en la verdulería y en Farmacity, y no hay ninguna oferta ni 2x1.

La gente sale a los balcones a aplaudir y algunos gritan “Vamos Argentina”, y no se juega ningún Mundial. Limpiamos el departamento casi todos los días, y no porque esté sucio. Hablamos con los vecinos de arriba como si fuesen amigos de toda la vida, y casi que no los conocemos.

Cargamos el celular dos veces por día, y no porque funcione mal. Regamos y cuidamos las plantas religiosamente como si fuesen especies en extinción. Vemos partidos viejos enteros tratando de, en una especie de realidad virtual y máquina del tiempo, generarnos adrenalina y emoción, aun sabiendo el resultado final. Nos recibimos de Licenciados en Videollamadas.

Ir al súper se transformó en nuestro plan preferido fuera de casa. El patio, nuestro hoy más que nunca querido patio, es una mezcla de shopping; gimnasio; plaza; cancha de fútbol; pista de baile; lugar predilecto para merendar; parque acuático; y taller de arte. En este aspecto merece una mención especial “las 9 de la noche de cada día”, momento en el que ese patio se convierte en una especie de diván de terapia familiar y vecinal, aplaudiendo, mirando, pensando y reflexionando con otros y con nosotros mismos.

Durante estos días hacemos muchas cosas que solemos hacer, pero con otra intensidad, otro espíritu, otra energía, otra cabeza, otras ganas, otra fuerza y otra predisposición. Y nos damos cuenta que, pese al encierro, seguimos más vivos que nunca, porque lo sentimos y porque justamente entendimos que para seguir más vivos que nunca (como individuos, como familia, como sociedad, como ciudad, como país y como mundo), necesitamos de todo este “todo” llamado cuarentena, aislamiento obligatorio, #yoquemequedoencasa o como quieran llamarlo.

Y como sentimos y necesitamos ese lado responsable que pusimos en marcha, también extrañamos esas otras cosas a las que sí habitualmente le ponemos más ganas, intensidad, cabeza o simplemente tiempo como jugar al fulbito, juntarse a comer con amigos, tomar un café con la vieja, ir a la cancha, pasear con tu pareja, ir a la plaza con tu hijo y llevarlo al jardín, trabajar sin formato “home office”, las meriendas con los hermanos, estar con la nona, manejar el auto, etc.

No es feriado ni hay ofertas en el súper. La casa no está sucia. No juega Argentina por el Mundial. Simplemente que todo mutó por el coronavirus, un maldito bichito que nos vino a enseñar o a reforzar ciertos conceptos, que nos separa y nos une al mismo tiempo. Un maldito bichito que vino a hacer historia, esa misma de la cual todos somos parte.

Cuando estábamos inmersos en la vorágine cotidiana y en el día a día al que estamos acostumbrados habitualmente, pensamos “qué lindo sería estar más tiempo en casa”. Ahora que estamos en casa, queremos volver a eso. Es normal, nos pasa a todos. Ni antes teníamos, ni ahora tenemos una vida de Reyes, pero sí depende de cada uno tener su propio reino lo más adecuado posible a sus pretensiones. Hoy, todos juntos peleamos para ser, y sobre todo para vivir, como Reyes sin corona.

 

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